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lunes, 1 de agosto de 2022



Alabanzas de la Virgen

La Serena, 18 de agosto de 1923

 

I. - Reina de los Ángeles

Reina de los ángeles: Son ellos tu vestidura y la vestidura llega hasta los confines del cielo. Hasta donde llegan los ángeles, alcanza la sensibilidad de tu cuerpo; palpar un ángel es tocarte a ti, María, y Tú respondes al contacto.

Se te hace un color de iris por los colores mezclados de todos los ángeles, de los rojos, de los amarantos de los azules.

El aroma de la gloria nace en la palpitación de las alas numerosas de los ángeles, como en una gran rosa que se sacudiera.

Los ángeles comienzan con tu nombre todos los cantos y los acaban con tu nombre, y en el centro la estrofa se ha abrochado con tu nombre.

La música te envuelve, pero nace de Ti y vuelve hacia Ti, como bajo la campana de bronce las ondas musicales tornan a caer en el badajo milagroso. Decir Reina de los Ángeles es lo mismo que decir Esencia Musical, productora de todas las notas que vuelan sobre el Universo.

Si los ángeles dejaran de amarte, el cielo se volvería mudo, con las bandas muertas; pero los ángeles tienen el don del amor perdurable, no concedido a los hombres, y la esencia tuya es la de sustentar el amor perdurable. (Aquí abajo el cansancio cansa los timbales más apasionados).

La muchedumbre de alas de los ángeles te cubre sin hacerte invisible; su trepidación de gozo es tan activa como las aspas de los molinos rápidos, que el vértigo hace transparentes. De éste se cumple la maravilla de que todo el cielo esté sobre Ti y bajo de Ti, sin hacerte veladura. Tú los riges como quien rige las comentes del mar, que nunca lo rebalsan: así las legiones jamás se chocan.

Pero tu advocación de Reina de los Ángeles tiene aún otro sentido: Tú gobiernas los ríos de materia angélica que pasan por los mundos: la bondad, la paciencia, el enternecimiento. Atraviesan los continentes, tocando las cabezas de los hombres y de los animales, cuya sangre, por un momento, pierde su acritud y los hace preguntar qué leche les ha penetrado; llegan a las entrañas de las minas y alivian a los condenados; entran en las grutas como una resaca de esponjas.

Así, pues, cuando te llamamos Reina de los Ángeles, queremos también decir esto: que riges las fuerzas angélicas de la tierra, las que han hecho las gomas, los inciensos, los copales y las leches.

¡Reina de los Ángeles!, que para el gran día Tú nos pongas dentro del río más ancho de música, donde el cielo hierve de potencias celestiales como hierven de peces algunas zonas del mar.

II. - Puerta del cielo

Tú eres una de las puertas del cielo. Hay la Puerta que rige Cristo, de blanco resplandor, como de muchas nieves; hay la de San Pablo, roja como una gran dalia, y la de San Francisco de Asís de tiernos goznes, y hay la tuya, que solo tiene una niebla de margaritas.

La buscan los que temen la llama blanca del rostro de Cristo y la purpúrea de la de San Pablo, la buscan tanteando en la bruma anterior al cielo, hasta que la encuentran.

Y puerta es nada más que tu sonrisa desplegada, que llena al pecador de confianza; sus goznes son los extremos de tu boca.

La miran, y a sus pies trabados de extrañeza, baja como Lina sangre tibia, el valor; y su frente, caída de timidez, se va levantando: entero él vive de pronto como el árbol de invierno cuando el sol empieza a moverle la pesada savia.

Te dejaron, pues, una de las puertas del cielo. Para las mujeres de pequeña mano, que no alcanzan al aldabón de las otras; para los niños que llegan al cielo buscando una cara de mujer, con el sabor de la leche dulce en su lengua; para los Santos, que de las dos alas del Espíritu, la roja y la blanca, prefirieron la blanca. Todos esos entran por la puerta de margaritas.

Llevan una boca en que tus letanías son tan naturales como el aliento y salen por cada suspiro; se reconocen por el ritmo de las letanías dentro del cual caminan, y por el hablar, rompiendo las palabras en las quiebras de la misma letanía.

Aunque Tú eres Otra, una cosa oculta como Cristo, de misterio escondido y tremendo, como Cristo, cada uno de ellos te mira al principio lo mismo que te miraban, allá abajo, en su iglesia familiar: para unos tienes manto azul y blanco de alelí jaspeado y estás sentada sobre el escabel doméstico; para otros reposas en un trono y siete estrellas, una por cada espada, clavan el trono en el cielo; para otros sigues dando el pecho al niño. Y así, a cada uno recibes dentro de la forma en la cual te ha amado, para no espantarlo con tu resplandor verdadero.

Poco a poco vas mudando tus pies de carne por otros pies, y tus sienes humanas por otras sienes y tu cuerpo entero en Otro, que abajo no conocemos y que es poderoso como los escuadrones en batalla.

¡Puerta del Cielo!, yo iré también buscándote en la indecisión del paisaje celeste, trémula de extrañeza comió la niebla que tantea con mil manos, y de pronto aparecerás delante de mí con el rostro de mi madre que para mí has tenido: la mirada verde y sobre las rodillas, extendido el reposo, como un alga blanda.

 

Gabriela Mistral

(Compilador Mario Artigas)


 

 


Amores e Inicio Literario. -

El 10 de agosto de 1904, envía una Prosa titulada “El perdón de una víctima”, al Periódico Radical “EL COQUIMBO”, es una de sus primeras obras dadas a conocer de manera pública (Periódico), luego, se registra otro artículo titulado “Amor Imposible” el 17 de diciembre de 1904. A posterior, en el Interdiario Radical Noticioso i de Avisos, “LA VOZ DE ELQUI”, se publica la Prosa “Ecos”; el 23 de marzo de 1905.

Después de “Ecos”, publicó su primera Poesía titulada “Flores Negras”, el 8 de agosto de 1905. En estas publicaciones firma como Lucila Godoy y Alcayaga. Entonces, podemos decir que, a los 15 años, la edad de las muñecas y de los sueños de color de rosa, empezó sus colaboraciones en “El Coquimbo” y un año después, en 1905, las continuó en el mismo periódico y además, en “La Voz de Elqui”, órgano del Partido Radical, que mantenía una sección literaria asiladora de ensayistas, entre los cuales predominaba Carlos Roberto Mondaca2. En aquella hoja de refinada cultura provinciana inició la segunda serie de sus composiciones. Ya no eran tonterías de chiquilla, sino explosiones de dolor, de quejumbre y de pesimismo, expresadas en lenguaje más o menos galano y correcto, notándose un enorme mejoramiento de su dicción.

Efectivamente, por primera vez en 1905 ejerció una Ayudantía de Escuela en “La Compañía”, aldea vecina a su ciudad natal, y luego desempeñó igual cargo en “La Cantera”, pequeño caserío blanco que se divisa desde el camino que une Coquimbo con La Serena.

A temprana edad el primer amor le llegó de manera extraña. Se conoció y enamoró de Alfredo Videla Pineda3. Llegando a trabajar en la Escuela de “La Compañía”, -(En una carta de Gabriela a Alfredo, señala: enero de 1905 no quedará en mi recuerdo tan triste como enero de 1906. Y en otra carta del 23 de diciembre de 1905, señala: Una dulzura infinita viene a mi alma cuando surge en mis remembranzas la inolvidable noche aquella pasada en el Palco Nº 10, ¿habrá para mí en el futuro horas tan queridas e impregnadas de ternura como aquellas? ¡Quizás no!... Y la publicación “Amor Imposible”, es referente a esta relación)- Videla, hombre rico y hermoso, más de 20 años mayor que ella, con el que se carteó durante casi año y medio, se vieron a escondidas -Encuentros en el Teatro de Coquimbo, en Plazas, Playa y otros lugares-. Él, la visitó reiteradas veces a La Compañía, por los entredichos sociales y prejuicios, lo decidieron así. También, al parecer, él le puso fin a esta apasionada relación amorosa, al no lograr su objetivo, porque se estrelló con la fortaleza moral de la joven maestra rural.

  Corría el año 1907 cuando a su hermana Emelina, fue trasladad como Directora de Escuela a el “Molle”, en Elqui. Entonces, aparece Romelio Ureta Carvajal4 -conductor del tren-. Como dijo en una entrevista Laura Rodig: “...Romelio, un muchacho encantador, muy correcto en todo, pulcro en su persona, un poco tímido y muy bien parecido, más bien alto, delgado, de tez muy blanca y cabellos oscuros. Muy querido de quienes lo trataron y muy buen camarada...”    Gabriela en ése ir a buscar la correspondencia a la Estación, se conocieron. Entonces empezó ese apasionado idilio. Gabriela servía una ayudantía en la escuela de La Cantera. Romelio, se hospedaba en casa de la señorita Aurora Barraza, también profesora. Allí, en esas paredes de testigo y enmudecidas, quedaron salpicadas de gotas de amor, incrustaciones de promesas y esperanzas. Lucila Godoy, depositó el cariño más intenso que puede experimentar un espíritu lleno de sensibilidad, un amor impío y fogoso que mantenía en estado de acción a Gabriela. Romelio la visitaba de manera periódica, tuvieron varios encuentros fulminantes que iluminaban los valles. Pero, el compromiso con la vida, el arte y la poesía; Gabriela debió dejar Coquimbo. (La familia de Gabriela se vino a enterar de esta relación, mucho tiempo después).

  “Cabe destacar que Romelio, por la línea paterna, pertenecía a la más rancia aristocracia colonial y criolla. Nieto de don Baltazar Ureta y Verdugo, primo carnal de do José Miguel Carrera, Padre de la Patria y cronológicamente el Primer Presidente de Chile”.

Compilador: Mario Artigas


 Gabriela Mistral

Varias clases de libros

El Libro y el Pueblo. México, D. F.,

4 de agosto de 1922.

Repertorio Americano, 30 de octubre de 1922.

 

El de biografías es para mí el primero, es el que contiene mayor suma de vida humana, como si dijéramos, más esencia de Hombre. Plutarco dio su tipo. Pero en nuestro tiempo lo han hecho -vigoroso y vívido- Lamartine, Emerson y Romain Rolland.

  Libro de Historia os convencerá de que la humanidad es semejante, o la misma, en sus profundidades y diferente en las superficies. Os creará la gratitud hacia los muertos, a quienes debemos hasta el fino vaso en que palpita nuestra agua y cuyo dibujo trazaron; a los muertos que se tendieron rendidos de una obra nunca consumada, y sobre la cual se agitan ahora nuestras manos: civilizadores, varones de fe, artistas. El libro de la historia os restará vanidad, nos volverá humildes y admirativos. Y sabéis que el que empieza admirando acaba haciendo.

  El libro de geografía os aproximará a los pueblos, os los pondrá bajo la mirada como un rostro amigo, y les gozaréis EL CONTORNO Y LA EXPRESIÓN como a un rostro. Os volverá curiosos del mar desconocido, de la montaña remota. Como el viento para la vela, dará el impulso de partir en uno de esos viajes que, a pesar del siglo veinte, son todavía cosa de maravilla, suceso prodigioso.

  Tendréis aquí el libro de ciencia. Os dará el estupor de la que llamáis sencilla Naturaleza. Podrá exaltar como el mejor poema. Suele colocarse en un plano tan embriagador como la fantasía.

  Cuidaos, sin embargo, de su fanatismo. Mezclad siempre la hora de esta lectura con muchas de experiencia. Pensad en que la ciencia se rectifica con una rapidez que nos faculta para la duda, sin que ésta sea irreverencia.

  No desdeñaréis la novela que es un modo de simplificación, y a la vez de concentración de la vida humana, la cual se empaña por la complejidad y se afea por el deslucimiento. Leeréis el drama, que es fuerte removedor del mundo interno.

  También buscaréis aquí los poemas. Ellos, como el drama, intensifican las emociones, más bellas cuanto más ricas. Son como la luz: os destacan la belleza de las cosas que estaban anegadas en el color gris de la costumbre.

  Los poemas os devolverán la mirada del niño que perdisteis, la cual es también, por la riqueza del detalle, la mirada del sabio.

  Sois deudores a los poetas: os enseñaron a exaltar la blancura y la suavidad de la cabeza de la mujer amada. Os centuplican el valor de la vida, al reteñir en la hipérbole feliz la Naturaleza.

  Son por fin los únicos que, en nuestro siglo sin espiritualidad, os defienden el alma de lo brutal que va entrando en nuestra civilización. Os enseñan el tacto delicado para las cosas y los seres.

  Sí, amad mucho los libros, exquisitos compañeros que merecen preferencia sobre los otros toscos y ruidosos. Ellos tienen toda la constancia que les consentimos y nos dan la utilidad en qué nuestra mente ágil los transmuta.

  Pero guardaos de su terrible tiranía: cuidaos bien de tejeros la vida en torno de ellos. No os encontréis un día padeciendo, amando o juzgando a través del Dante, del France o de Nietzche.

  No les hagáis el don de vuestra mirada, pues sólo vuestros ojos os revelarán un pueblo o un panorama.

  Los libros os ayudarán a ordenar, a hacer síntesis o simplificaciones pues son la cuajada experiencia. No les recibáis más.

  A dos pecados pueden conduciros: a la pereza mental y al vicio de los sistemas. Decidles lo que un varón nobilísimo dijo en la antigua Grecia a ciertas jóvenes: - “Sí, sois muy compuestas; pero mi esposa descuidada es mejor”. Vuestra esposa única es la vida; ella sola os dará hijos fuertes.

  Nuestra humanidad actual, que es débil, suele reemplazar a la vida con la lectura, por laxitud. Bienaventurados los que se vigorizan con los libros sin anegarse en ellos.

 Gabriela Mistral